La comida de Navidad, en casa, es larga: algo para picar, entrantes de marisco, la sopa de galets, la carn d'olla, a veces un asado, y después turrones, neules y sobremesa. Y al día siguiente, canelones. Con tantos platos es fácil pensar que hace falta una botella distinta para cada uno, y no es así: con dos o tres vinos bien elegidos cubres toda la comida, y aciertas más que abriendo seis.
Aquí van, plato a plato, los vinos que mejor funcionan con la cocina de fiestas de aquí, y algunas de las botellas que tenemos ahora en la tienda.
Tres ideas antes de elegir
- De más ligero a más intenso. Espumoso o blanco con el aperitivo y el marisco, tinto con las carnes, dulce con los postres. Si sirves un tinto potente antes que un blanco delicado, el blanco parecerá agua.
- La acidez es tu aliada. La cocina de Navidad es rica: caldo con hueso de caña, carnes con grasa, bechamel, rellenos. Un vino con buena acidez limpia la boca entre bocado y bocado; uno con mucho alcohol y mucha madera cansa a media comida.
- Lo de aquí con lo de aquí. No es una norma, pero funciona: la cocina catalana se entiende muy bien con los vinos del Penedès, del Montsant o de la D.O. de nuestra comarca, Alella, que reparte sus viñas entre el Maresme y el Vallès.
Plato a plato
Marisco y pescado
Gambas, langostinos, cigalas, mejillones, ostras. El marisco pide un blanco fresco, sin barrica, con acidez y un punto salino. Con el marisco a la plancha o hervido, la madera estorba: tapa el sabor del mar.
Las opciones más seguras son el albariño de Rías Baixas, el xarel·lo del Penedès y la pansa blanca, que es como se llama el xarel·lo en Alella. Dos que nos gustan para esto: el Raventós Pansa Blanca, de Alella, y el Leira Albariño, de Rías Baixas. Si el pescado va al horno o con salsa (una lubina, un rape, el bacalao), sube un punto de cuerpo: una garnacha blanca como la de Casa Mariol, de Terra Alta, o el Can Vich Blanc Cupatge, garnacha blanca y riesling de viñas de montaña del Penedès. Tienes más en nuestros blancos y en los albariños.
El cava también acompaña muy bien el marisco, sobre todo un brut nature reserva. Si dudas entre cava y champagne para el brindis, lo explicamos en cava o champagne: diferencias y cuál elegir.
Escudella i carn d'olla (y la sopa de galets)
Es el plato del día de Navidad en Cataluña: primero la sopa, con los galets y la pilota, y después la carn d'olla, las carnes y verduras que han hervido en el caldo. Con la sopa no hace falta un vino especial: el caldo muy caliente y el vino no se llevan bien, y en muchas casas se sigue con lo que hay en la copa.
La carn d'olla es otra cosa. Son carnes cocidas, melosas y con grasa (ternera, gallina, butifarra, tocino, la pilota), con garbanzos, col y patata, pero sin especias fuertes ni salsas. Pide un tinto joven o con poca madera, con fruta y buena acidez: garnacha, cariñena, mencía. Uno con mucha crianza y mucha estructura taparía un plato que es más sutil de lo que parece.
Del Montsant, el Joana (garnacha y merlot) y el Lo Petito de Pascona (garnacha y cariñena). De más lejos, La Maldita Garnacha, de Rioja, o el Roandi Mencía, de Valdeorras, frescos y sin barrica. Y para una mesa grande, el Font Calenta Negro, de Terra Alta, cumple de sobra. Van de 4,50 a 9 €. Si en la mesa hay quien no bebe tinto, un rosado del Penedès como el Mart de Gramona también funciona.
Canelones de Sant Esteve
El día 26 se aprovecha lo que sobró: las carnes del caldo (y del asado, si lo hubo) se pican para el relleno, se cubren de bechamel y queso y se gratinan. Es un plato más denso que la carn d'olla, cremoso y tostado, y admite un tinto con algo más de cuerpo y una crianza corta.
Un Rioja crianza es una apuesta segura: el Coto Crianza, el Edulis o el Ramon Bilbao Crianza, entre 7 y 9 €. Si quieres seguir en Cataluña, el Black de Mont-Rubí, garnacha ecológica del Penedès, o el Pascona Criança, del Montsant, con nueve meses de roble francés. Y si en tu casa los canelones llevan bechamel generosa, un blanco con cuerpo, como una garnacha blanca, es una alternativa que sorprende.
Cordero o cabrito al horno
Aquí sí entran los tintos con crianza y estructura. El cordero tiene grasa y un sabor intenso que el horno concentra, y un tinto con tanino y algo de barrica lo equilibra. Es el momento del Rioja reserva, de la Ribera del Duero o del Priorat.
Tenemos el Hacienda López de Haro Reserva, de tempranillo y graciano con 20 meses de barrica, que por menos de 9 € da mucho juego; el Coto de Caleruega Roble, de la Ribera; y si la comida lo merece, el Pesquera Crianza, un clásico de la Ribera, o el Crossos del Priorat, de garnacha y cariñena sobre llicorella. El cabrito, más tierno y delicado, agradece un tinto algo más ligero que el que pondrías con el cordero.
Pollo, capón o pavo rellenos

Aquí manda el relleno. En Cataluña suele llevar ciruelas, orejones y piñones, a veces butifarra o castañas: un juego de dulce y salado que se lleva mal con los tintos muy tánicos. Mejor un tinto de garnacha, frutal y suave, o un blanco con cuerpo si el ave va más sencilla.
Del Empordà, el Terra Indika y el Mas Maristany, dos garnachas jóvenes, frescas y sin madera. De Alella, el Ivori Negre, de garnacha, syrah y cabernet sauvignon. Si la mesa prefiere rosado, el Trenca-closques, del Montsant, aguanta bien un ave asada. Y para quien quiere seguir con burbuja toda la comida, un cava gran reserva como el Trias Batlle Gran Reserva, o el Parxet Brut Nature, de pansa blanca, que se elabora en Tiana, aquí al lado.
Turrones, neules y postres
Con el postre hay una regla que no falla: el vino tiene que ser al menos tan dulce como el postre. Si no, el dulce del turrón vuelve el vino ácido y amargo. Por eso el brut nature, tan bueno durante la comida, no funciona con los turrones.
En muchas casas las neules se mojan en cava; si lo haces, que sea un cava semiseco o dulce, como el Carles Andreu Dolç Reserva. Con el turrón de almendra y los polvorones, un moscatel como el Moscatell J. Robert o el Moscato d'Asti de Tosti, ligero y con solo 5,5 % de alcohol. Con el turrón de chocolate o de yema, un Málaga Virgen. Y para acabar con algo de la zona, el Dolç Mataró de Alella. Los encontrarás en vinos dulces y de postre.
Cuántas botellas y cómo servirlas
De una botella de 75 cl salen unas seis copas. En una comida larga de fiesta, cuenta con media botella de vino por adulto entre blanco y tinto, más el espumoso del brindis o del aperitivo. Para ocho adultos, por ejemplo: dos blancos, dos o tres tintos, una o dos de cava y una de dulce, que con el postre se bebe poco. Mejor que sobre una botella que quedarse corto: la que no se abre aguanta hasta la próxima ocasión.
- Temperatura: espumosos, a 6-8 °C; blancos, a 8-12 °C; rosados, a 8-10 °C; tintos jóvenes, a 14-16 °C, y tintos con crianza, a 16-18 °C. En un comedor con calefacción y diez personas el tinto se calienta rápido: si lo notas tibio, diez minutos en la nevera.
- Ábrelos con tiempo: los tintos con crianza ganan si los abres media hora antes. Con los jóvenes no hace falta.
- Lejos del horno: mientras cocinas, no dejes las botellas en la cocina junto al horno ni encima de un radiador.
- Copas: no hace falta una cristalería distinta para cada vino. Una copa de vino de tamaño medio, llena hasta un tercio, sirve para todos.
Un menú, tres botellas
Si quieres simplificarlo al máximo: un cava brut nature reserva para el aperitivo y el marisco, un tinto de garnacha para la carn d'olla o el ave (que aguantará también los canelones del día siguiente) y un dulce para los turrones. Por ejemplo, el Maria Casanovas Brut de Brut, el Lo Petito de Pascona y el Moscatell J. Robert: tres buenos vinos de aquí por unos 30 € entre los tres.
Si tu menú es otro (un pescado al horno de segundo, un asado de cerdo, un menú vegetariano) o no sabes cuántas botellas te hacen falta, pregúntanos: es lo que hacemos cada día en la tienda, y lo contamos en cómo te asesoramos. Y si estás en el Maresme, te lo llevamos a casa.



